Pop y abstracto sobre aluminio

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Nacido en 1970 en Rognac, Cédric Bouteiller es un artista polifacético: pintor, fotógrafo y diseñador gráfico. Afincado en el sur de Francia, desarrolla una obra decididamente contemporánea, a caballo entre disciplinas y técnicas.
Formado en artes plásticas y filosofía en Aix-en-Provence, comenzó su carrera en la fotografía antes de emprender un viaje alrededor del mundo. De ese viaje trajo consigo una rica colección de imágenes, que permanecieron en suspenso durante mucho tiempo, mientras exploraba al mismo tiempo los territorios de la abstracción.
Su encuentro decisivo con Zao Wou-Ki marca un punto de inflexión crucial: la orienta hacia una abstracción lírica, alimentada también por las influencias de Antoni Tàpies y Pierre Alechinsky. En Arlés, sus intercambios con Lucien Clergue profundizan aún más su reflexión artística, llevándola a redescubrir a Pablo Picasso y el universo poético de Jean Cocteau.
Durante casi veinte años, fue construyendo pacientemente su lenguaje plástico, a través de un exigente aprendizaje y una exploración constante de técnicas y materiales. Finalmente, al recuperar sus propios archivos fotográficos, logró una síntesis singular entre sus diferentes prácticas.
Las obras ultramodernas de Cédric Bouteiller adoptan la forma de composiciones de fotografías digitales impresas sobre aluminio cepillado, enriquecidas con collages, dibujos, grafitis o acuarelas, y recubiertas posteriormente con una resina translúcida. Este proceso confiere a sus creaciones una profundidad y un brillo únicos, en los que el tiempo parece haberse detenido.
A caballo entre la pintura y la fotografía, su obra cuestiona la percepción de lo real y difumina las fronteras entre la figuración y la abstracción. Mediante el juego de superposiciones, texturas y efectos de materia, conseguidos sobre todo con la espátula o la navaja, transforma la imagen en una superficie viva.
Dominando lo digital como un auténtico medio pictórico, sublima tanto lugares emblemáticos como Nueva York, Shanghái, París o Marsella, como fragmentos de la vida cotidiana. Una mirada, un detalle arquitectónico, un letrero o un simple grafiti se convierten en los elementos de una narración visual poética y contemporánea.
Hoy en día, la obra de Cédric Bouteiller se expone a nivel internacional, desde Venecia hasta Los Ángeles, pasando por Atenas o Mykonos. Su universo, a la vez sensorial y conceptual, impone una firma contundente, donde la materia, la luz y la imagen dialogan en una tensión permanente entre la memoria y la modernidad.

