Mathieu Leenaert

El aerosol sobre lienzo

Nacido en 1983, Mathieu Leenaert vive y trabaja en Knokke-Heist. Procedente de la campiña flamenca, desde muy temprano desarrolló una predilección por los caminos poco transitados y las trayectorias singulares.

Tras cursar estudios de Economía en Brujas, siguió una exigente trayectoria intelectual orientándose hacia la filosofía del arte y la estética en la Universidad de Helsinki, antes de obtener un máster en Filosofía en la Universidad de Gante. Esta formación alimenta en profundidad una práctica artística concebida como un espacio tanto de reflexión como de experimentación.

Al mismo tiempo, desarrolla una investigación plástica personal, explorando una gran variedad de técnicas, desde la pintura en aerosol y la tinta hasta el trabajo con aguja. Esta búsqueda de los límites, tanto sociales como formales, le lleva a dedicarse al tatuaje durante varios años, primero de forma itinerante y luego desde un estudio privado en la costa belga.

Durante casi dos décadas, Mathieu Leenaert ha ido perfeccionando un lenguaje visual riguroso, basado en composiciones monocromáticas, realistas y geométricas. Pero ante la progresiva incorporación de una cultura antes marginal por parte de la corriente dominante, inicia una ruptura radical. Esta tensión da lugar a un auténtico renacimiento artístico.

Sin formación académica en artes plásticas, vuelve a la pintura con spray con un gesto instintivo, libre y desenfadado. Como reacción a una época saturada de imágenes y simulacros digitales, opta por la simplicidad.

Sus grandes lienzos meditativos, construidos a partir de sutiles degradados, abren espacios de silencio y de suspensión. A través de lo que él denomina «abstracción radical», su rechazo a toda figuración y a toda narración, y la ausencia deliberada de títulos, propone una experiencia directa, casi física, del color y la luz.

Lejos de cualquier interpretación impuesta, su obra invita a ralentizar el ritmo, a sentir, a enfrentarse a una presencia pura. Un enfoque a contracorriente, que se opone a la inmediatez y a la sobreinterpretación de nuestra época.

Su práctica artística encarna, así, una traducción plástica de sus convicciones filosóficas, inspirada sobre todo en la tensión entre lo apolíneo y lo dionisíaco —conceptos heredados de Friedrich Nietzsche—, en una búsqueda del equilibrio entre el orden y el caos, el control y el abandono.

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